José Manuel Mireles apareció en escena no hace mucho tiempo, tal vez en la opinión pública un poco más tarde de lo que se disparó la primer bala, sin embargo, "el doctor" como le apodan con cariño sus allegados, desde el prinicipio ha sido el símbolo de una lucha que lejos de no tener cuartel, muchas veces tampoco parece tener otro rostro que el de la desesperación y la incertidumbre.
El problema de las guardias comunitarias, autodefensas, policías rurales y demás denominaciones que se les ha dado a estas agrupaciones, que no son iguales, y que representan momentos históricos diferentes de un mismo problema no son problema de 2014, aunque sea cuando más se ha hablado de él, porque prácticamente el año nació entintado en el rojo de un problema que nació y maduró en Michoacán, y que todavía está lejos de morir.
2011 fue el año en que la delincuencia organizada superó todas las barreras antes puestas en territorio nacional, y a la clínica donde Mireles fungía como jefe llegaban desfilando niñas embarazadas, como resultado de las violaciones a las que eran sujetas. Según un relato del mismo Mireles, detallado vívidamente por Sanjuana Martínez en NEXOS, después de 200 niñas atendidas, el médico decidió que era hora de levantarse en defensa de sus mujeres y niños.
Integrantes de la comunidad de Temalcatepec y sus alrededores se agruparon y decidieron defenderse por propia mano, ante la imposibilidad o como las autodefensas lo calificaron "falta de voluntad" de las autoridades de ponerle punto final a este problema. El único camino era el de las armas, porque con armas era precisamente como los venían amenazando, el doctor no vio de otra que pelear literalmente fuego con fuego.
Los simpatizantes se comenzaron a sumar, las réplicas se expandieron a algunas comunidades cercanas y pronto, en 2013, Michoacán ya tenía grupos de autodefensa o "policías comunitarias" como ellos se autodenominaron en gran parte de la tierra caliente con tres liderazgos claros, uno de ellos seguía siendo el de Mireles.
José Manuel Mireles pocas veces fue visto armado, pero siempre escoltado. Incluso en uno de sus últimos videos difundido en Youtube, el mismo doctor se quejó se haber tenido que "pasar la charola" en un evento en la capital, porque quería un vehículo blindado, ya que el que tenía, así como su escolta le había sido retirado por parte del gobierno que una vez se lo había dado.
"No nos gusta andar armados, pero tampoco nos gustó cuando nos empezaron a matar sin que hubiera quién nos defendiera"
Mireles no es un héroe de piedra, y mucho menos de película, ya ha declarado querer seguir vivo y tener miedo a que lo maten como lo tendría cualquier otro en su lugar. Hoy el tema es la cuestionable legitimidad de su reciente aprehensión, porque ciertamente aquél que ande con armas -de cualquier calibre- sin registrar, sin autorización debe ser sancionado de manera ejemplar, para que nadie pretenda seguir el ejemplo, y curiosamente esa es la causa, pero no el alegato, porque la información oficial dice que Mireles fue sorprendido en posesión de un gran arsenal, pero hasta ahora no hay evidencia de ello.
"No se puede desarmar a un pueblo con un discurso, sino impartiendo justicia"
La paradójica realidad radica en la razón por la que los grupos de autodefensa estaban armados; qué motivó, qué obligó a una persona a alzar la voz y las armas para dar batalla a la opresión, el abuso, fruto de la desesperación y la indignación en plena rebeldía a lo que marca la ley, porque la misma ley no se ejerció por mucho tiempo para perjuicio de unos cuantos, mientras los otros no sólo se burlaban de esa ley, sino que se inventaron una propia.
Existen muchas dudas acerca de que hoy José Manuel Mireles esté tras las rejas, rapado y rasurado, de que la aprehensión haya sido o no legítima, de la esperanza que languidece para muchos michoacanos que anhelan paz y justicia.
Sólo existe una manera de legitimar este encarcelamiento de una vez por todas, sólo un camino: el día que la verdadera ley, la que debe ser para todos, se ejerza en Michoacán, y desaparezca el cobro de cuotas, la violación de las mujeres y las niñas, la asociación entre autoridades y grupos de la delincuencia, el día que los sembradores puedan trabajar tranquilos sus huertas; vamos, el día que los michoacanos por fin puedan decir: "paz: todos están tras las rejas", el día que comprueben con verdades que los grupos no eran de autodefensa sino de ataque, que generaban inestabilidad e inseguridad a sus comunidades, ese día se habrá hecho justicia, ese día la detención de Mireles será indudablemente legítima; antes, todo está en tinieblas.
Por: Orson Ge
Twitter: @orsonjpg
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